El fútbol no se destaca por ser un deporte donde sólo se cosechen alegrías y triunfos. También, y casi siempre en mayor medida, son sufrimientos y derrotas las que abundan. Un mal arbitraje, la falta de definición, poca preparación, un equipo contrario cerrado que no ayudó al trabajo de nuestros delanteros, la mala suerte, malas decisiones técnicas y así podriamos seguir enumerando miles de motivos que no sabemos con certeza si fueron la causa de una realidad no tan gloriosa.
Pero, y creo que está demás decirlo, en los malos momentos de un equipo es cuando un hincha se tiene que hacer notar. Y no metiendo presión como ocurre en muchos clubes, sino con el aliento y el apoyo que necesita un plantel para sentirse respaldado. Porque cuando, por ejemplo, un club juega de local y ve que no tiene a toda su hinchada, que en la localía son los encargados de, con tan solo la presencia, meter un poco de presión (en el buen sentido) al equipo visitante. Pero que por el contrario cuando -el equipo local- comete algún que otro error recibe puteadas e insultos de sus propios hinchas no le sirve jugar de local.
El banderazo por el expreso fue un gran gesto de respaldo por parte de la hinchada. Quienes quieren al club aún cuando los resultados no se están dando son los verdaderos hinchas. Ellos son los que se cargan a Talleres al hombro junto a éste plantel para poder resurgir. El campeonato es un campeonato largo, con 32 fechas, si bien en las primeras siete de las que el Expreso jugó seis no sumó puntos, no hay que tirar todo. Porque cuando se dan los triunfos sobran los hombros para llevar en andas al equipo, pero cuando las cosas no van bien es el momento donde se ven los hombros de los verdaderos hinchas de Talleres.
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